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Con los humos a otra parte… pero pagando

Publicado: 15/02/2012

Especiales, Opinion

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¿Se imaginan ustedes que tuviesen que pagar en un club al entrar y volver a hacerlo para salir del mismo con derecho a re-entrada? Pues esto es lo que viene ocurriendo de un tiempo a esta parte en muchos clubes de la geografía española. Pese a ser consciente del asunto y haberlo sufrido en mis propias carnes hace unos meses, se me fue pasando y pasando… hasta que hoy, Facebook y una pertinente actualización de estado de un mítico club de la Comunidad Valenciana, me lo ha recordado (no solo la tendencia, sino también el hecho puntual que me afecto personalmente) y he vuelto a sentir exactamente lo mismo que hace meses… un total desprecio por el empresario que se aprovecha de esta manera tan rastrera las necesidades de sus clientes.

Como muchos de nuestros lectores habrán sufrido, se trata de una tendencia que se ha expandido por todoel país desde que la Ley Antitabaco se puso en funcionamiento. Sé que las comparaciones son odiosas (más odioso es pagar por salir a la calle a chupar frío y pagar por un poco de tinta en tu mano para que te dejen volver a entrar) pero en este caso más que necesarias, se plantean evidentes. Inglaterra, país en el que afortunadamente resido, la Ley Antitabaco entró en vigor en 2007 (cuatro años antes) y, hasta el día de hoy, no he estado ni tengo conocimiento de ningún club que haga lo mismo que ocurre en España en la actualidad. Es más, la mayoría de ellos ofrecen estufas en el exterior para no tener que la gente no se tenga que congelar y muchos cuentan con un espacio al aire libre en su interior para no tener que salir del recinto.

La ley Antitabaco afecta directamente al amante de la música y de la cultura de club. Me explico: el hecho de salir del club para fumar se convierte en un handicap para el disfrute de la música, se pierde parte de la esencia, del continúo musical o viaje que supone un buen set de un DJ. Lo que nos deja con dos opciones: aguantar sin fumar durante 4 o 5 horas con lo cual se hará difícil sin que nuestra cabeza se ponga a pensar “como me apetecería ese pitillo ahora” o salir y perderse parte de la esencia de un set, pero eso se quedará en una opción personal e intransferible. Lo que no es para nada personal e intransferible, más bien todo lo contrario, es el hecho de tener que pagar por salir de un club para fumar, comer una hamburguesa, darse un paseo o tomar el aire. Dudo de la legalidad de la medida, pero de serlo, debería estipularse como tal en cada uno de los tickets y flyers del evento, al igual que aparecen los horarios o el precio de las entradas, así la gente que acude a un club concreto por primera vez, sabría a lo que atenerse.

En resumen, ir a un club de estos en España a día de hoy significa (en muchos casos, no en todos): pagar precios desorbitados por los tickets (el doble de media de lo que se paga en UK), pagar de nuevo si se quiere salir del recinto por cualquier motivo, pagar cantidades astronómicas por veneno líquido (las copas en UK no son gran cosa, pero el garrafón aquí no ha llegado) o ir al aseo y encontrarte con agua caliente o salada (en Inglaterra el agua del grifo es gratis y fría), martirizarse los tímpanos con soundsystems que dejan mucho que desear y, tal y como se están poniendo las cosas, cruzar los dedos por no encontrar a Paquirrín o Paris Hilton como “very special guest”. Vamos que, en vez de ir de fiesta, nos vamos al infierno.

Para terminar, unas palabras para los empresarios que han puesto en funcionamiento tan brillante idea para sus bolsillos. Déjense de lucrar a costa de los demás, aprendan a ser personas y dejen de chuparle la sangre a quien le llena los bolsillos. Y otras para el público, dejen de alimentar a esos empresarios insaciables, existen alternativas, no es el fin de la fiesta y, sobre todo, recuérdenles que ellos viven gracias a ustedes y no al revés.

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