El productor finlandés Sasu Ripatti es, en rigor, un excéntrico, y lo que es todavía mejor, es que le sienta absolutamente bien… Seguramente Loumo y Uusitalo sean sus proyectos más normales, porque si ahondamos en su desenvolvimiento como percusionista del Moritz Von Oswald Trio, es claro que nos sumergimos en terrenos un tanto enrevesados… En cualquier caso, si vamos a complicarnos que sea del todo, y hablemos directamente de Vladislav Delay, su empresa más espinosa…
Puesto que viene ofreciendo material prácticamente desde mediados de los noventa, hoy por hoy el proyecto Vladislav Delay no es ajeno a nadie, lo que, por otra parte, no es óbice para que siga sorprendiendo a propios y extraños. Todo este tiempo ha sido la vía mediante la cual Sasu ha venido manifestando su faceta más experimental, si bien, también la que por momentos ha sonado más orgánica, tanto más aún en su más reciente trabajo: Tummaa.
Seguramente llevado del impulso dado por sus poco más de dos años junto al Moritz Von Oswald Trio y su acogida en el sello inglés Leaf, recientemente el finlandés resolvió tomar otros derroteros de cara a la producción… A diferencia de sus trabajos anteriores como Vladislav Delay, esta vez Sasu ha decidido cambiar la elaboración estrictamente electrónica por la orgánica, de forma que volvió a tocar la batería y demás percusiones, a modo de retornar a su vieja pasión haciendo ostensible su pericia como percusionista de Jazz y su amor por éste. Pero es claro que un álbum no se confecciona sólo a fuerza de golpeteos a la batería, y es por esta misma razón que el artista invitó al compositor inglés Craig Armstrong y al multiinstrumentista argentino Lucio Capece, quienes dispusieron los sonidos de piano e instrumentos de viento respectivamente. Una vez Sasu hubo tenido las grabaciones de Armstrong y Capece en sus manos, sólo le restó conjugar todo el material.
Durante la edición del nuevo álbum Sasu se hallaba viviendo en una isla del Mar Báltico, y fue en este peregrino lugar ártico donde llevó a cabo todo el trabajo, en los días que corrieron desde diciembre del 2008 hasta febrero de este año. Curiosamente dicho lapso temporal coincide con lo que en Finlandia se conoce como el período Kaamos, tiempo en el cual el invierno se cierra en noche, transcurriendo con escasas horas de luz diarias. El nuevo trabajo de Vladislav Delay es, por tanto, hijo de la noche; fue concebido en la oscuridad y no hace más que aludir a todo lo que ésta representa, pues hasta su título, Tummaa, significa oscuridad, de modo que no es de extrañar lo ásperas y frías que son las siete piezas que contiene.
Al comienzo nos topamos con “Melankolia“, un adusto track envuelto en un asfixiante colchón de neto corte ambiental, en medio del cual destacan las taciturnas melodías de piano de Armstrong y las escurridizas y estridentes percusiones del propio Sasu, quien por momentos da la impresión de azotar la batería de forma totalmente arbitraria, cosa que hace a lo largo de todo el álbum. “Kuula” se muestra, nada más arrancar, envuelto de un claro halo de misticismo, y al tiempo que la batería continúa divagando en un tempo inverosímil, las minimalistas cadencias venidas de los teclados adquieren una recóndita profundidad, que se dobla con la entrada del deconstruido sonido del clarinete de Capece. En tercer lugar tenemos a “Mustelmia“, un tema que si bien sigue manteniendo la traza ambiental, cuenta de un marcado y acuoso ritmo Dub, sobre el cual se van dibujando (o desdibujando) diversas sonoridades enigmáticas y erráticas, que no hacen más que sumergirnos en un confuso universo sin igual. “Musta Planeetta“, el track más corto y minimalista de todo el disco, se inicia con unas apagadas notas de piano, a las que poco más tarde se suman unos complejos sonidos propios del IDM. “Toive” abraza casi con decisión el Dub de manera oscura muy por el estilo a como lo haría Amon Tobin, mostrando además cierto renunciamiento a los teclados para dar mayor protagonismo al clarinete y al saxo que tan bien ejecuta el argentino, quien en este caso vierte por entero su talento, dotando a la pieza de un inequívoco aire jazzero. El tema que da nombre al álbum vuelve a la estética etérea, dando la sensación de estar hecho de silencios ruidosos casi en su totalidad, permitiendo de este modo que sólo destaquen unos pads embriagadores y las desconcertantes percusiones de Sasu, puntos que tal vez, por el contrario de lo que se pueda pensar, aportan algo de dinamismo. En último lugar llega “Tunnelivisio“, el cual parece haber sido amasado a fuerza de ruidos de toda índole, algo así como el resultado de una improvisación de laboratorio, en la que el único sonido que se antoja consistente y firme es, a priori, el del bajo, si bien, hacia el final se termina yendo todo por las ramas…
A una persona cuyos oídos jamás hubiesen sido ejercitados en la enredada disciplina de la música experimental, puede que un álbum como Tummaa le deje la sensación de ser un despropósito desmedido, o en cualquier caso, sumamente pretencioso. No obstante, bien mirado, el nuevo trabajo de Vladislav Delay es el de un esteta inquieto que no hace más que buscar su norte, siempre ávido de nuevas formas. Lo seguro es que Sasu ha dejado todo en Tummaa, de suerte que hay grandes posibilidades de que éste sea su más sobresaliente trabajo a la fecha…
Tracklist: Vladislav Delay – Tummaa (2009, Leaf)
1. Melankolia
2. Kuula (Kiitos)
3. Mustelmia
4. Musta Planeetta
5. Toive
6. Tummaa
7. Tunnelivisio
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[...] y delicada, que no son otros que el finlandés Sasu Ripatti, más conocido como Sistol, Vladislav Delay o sobre todo, Luomo, y el alemán AGF, siglas que esconden a Antye Greie Fuchs, han decidido dejar [...]